domingo 24 DE septiembre, 2017.LINIERS, ARGENTINA.

COLUMNA DE OPINIóN

Palabras, palabras, tan solo palabras...

martes 30 DE mayo, 2017
Por Mariana Rodriguez Vimo
Caras gachas en el Amalfitani tras el empate. (Foto @Velez)

Tengo sensaciones encontradas después de presenciar el partido de anoche en el Amalfitani que fue un reflejo exacto de lo que es nuestra realidad. Vélez es eso: un equipo pobre, un plantel mediocre, con jugadores regulares, medio pelo, con algunos que ya están de vuelta y no deberían ser parte de este grupo y otros, que les falta mucho para ser dignos de estar en un equipo de primera; y sumado a eso un técnico sin ideas, amarrete que, evidentemente, sin plantel no puede hacer nada.

Sí, tengo sensaciones encontradas porque anoche en el transcurso del partido mientras hacía mis anotaciones escribí algunas cosas positivas, cosas que con el empate, no sirven para nada. ¿De qué cosas positivas voy a hablar si ayer había que ganar y no se ganó? Se empató con uno de los peores equipos del torneo que además está en zona de descenso directo. ¡Qué distinto hubiese sido todo si Vélez ganaba anoche! Pero no, el técnico sigue armando un equipo con Mariano Pavone sólo arriba. Pareciera que es muy difícil jugar con dos delanteros, ¿hace cuánto tiempo está este cuerpo técnico? ¿No hubo demasiado tiempo  ya para trabajar un sistema táctico? Claro que el que sabe de fútbol es el técnico, pero ¿cómo no vamos a salir con todo a jugar un partido contra Quilmes y en el Estadio Amalfitani? 

El primer tiempo fue un partido mediocre, donde nuevamente Vélez sale expectante a ver qué pasa con el rival. Increíble que se tome esa actitud jugando de local, un cachetazo a la historia de Vélez. Con el correr de los minutos en la parte inicial se vio un digno partido entre dos equipos que están peleando la tabla de abajo. Y en el segundo, Vélez tuvo situaciones, buscó, mereció llevarse algo más pero no lo consiguió. Muchas veces cuando en partidos anteriores se criticaba a los arqueros velezanos por su falta de seguridad, por su poca prestancia para sostener un resultado; todo eso pero en contrapartida fue lo que mostró el arquero de Quilmes ayer, porque sin dudas, el punto se lo llevó él. El punto para Quilmes es mucho, y para Vélez es muy poco. Vélez tuvo más juego y situaciones que en otros partidos, pero no por eso podemos decir que jugó bien porque el análisis hay que contextualizarlo, y anoche frente a uno de los equipos más pobres y con más deficiencias de este torneo, Vélez debía hacer mucho más; y por momentos el partido fue tan errático, que pensábamos que lo ganaría uno de los dos por un error del rival. 

Intentando rescatar cosas positivas podría decir la claridad de Santiago Cáceres para manejar la pelota, que nunca le quema e intenta jugar; la movilidad de Matías Vargas, más en el segundo tiempo; la dupla central, donde rescato más a Emiliano Amor porque estuvo muy firme arriba, y Lautaro Giannetti que cumplió aunque aún se lo ve dubitativo al salir, con miedo al error y no recupera el nivel que tuvo en algún momento. También la fuerza, la actitud y regularidad de Diego Zabala. Lo peor, lejos, fue Braian Cufré que tuvo algunas incursiones en ataque, pero defendiendo fue uno de los peores partidos del juvenil que pegó mucho y que milagrosamente terminó el partido sin tarjeta amarilla. Puedo seguir enumerando, pero, como ayer había que ganar si o si, y con el resultado puesto sin los tres puntos, el análisis resulta intrascendente.

Con respecto a los cambios de Omar De Felippe en el segundo tiempo se podría decir que intentó hacer más ofensivo al equipo, pero eso ya no es valorable porque siempre llega tarde. Vélez anoche jugaba de local, y tenía que poner toda la carne en el asador desde el minuto cero. No salir con ese equipo timorato a ver qué onda, y luego, como siempre,  tarde, intentar revertir algo desde los cambios. Y así las cosas, encima, el técnico se guarda un cambio. ¿No debió hacer ingresar primero a Nicolás Domínguez para aportar un poquito más de juego y sociedad con Cáseres? 

Las cosas están muy mal en Vélez y eso no solo se evidencia adentro del campo de juego sino también afuera, como por ejemplo en la conferencia de prensa post partido, con un Omar De Felippe nervioso, combativo, desafiante y con un discurso, inentendible, agotado, y de cero autocrítica. Siempre hablando de un muy buen partido, de la personalidad, de la actitud, del esfuerzo, de seguir así que es el camino para conseguir los tres puntos. Me enajeno y recuerdo aquella canción italiana: palabras, palabras, palabras… palabras tan solo palabras. Pareciera que evita decir que el culpable es el plantel que tiene y ya habla de la renovación de junio. Él asumió el compromiso, en esta situación y con este plantel, y debería notarse su trabajo y su mano, lejos de eso, este cuerpo técnico está en deuda. ¿Ustedes se acuerdan cuando hace un tiempo atrás nadie podía hablar del tan temido descenso? ¿Y los periodistas partidarios que nos animábamos éramos unos herejes y los malos de la película? Bueno, el técnico, al que le critiqué todas las habladurías anteriores, en conferencia fue claro: “… estamos en una lucha para que Vélez se salve del descenso este año, cuando empezamos había mucha preocupación”. Más claro, imposible.

Dicho esto, creo que en algunos momentos es mejor llamarse a silencio. Para seguir con esta cantinela, sin autocrítica, con soberbia y con esto que se ve en la cancha, mejor callarse la boca. Cómo se dice en la jerga judicial: El Juez habla por la sentencia; y usted, Omar De Felippe, debería hablar y demostrar en la cancha, en los noventa minutos; y lamentablemente la deuda es muy grande. Ahora es tiempo que empiecen a dar la cara los dirigentes, responsables de esta situación actual, de este plantel y de este cuerpo técnico. Queremos escucharlos hablar del futuro y de cómo salir de esta terrible situación porque si cerramos este torneo decorosamente, el próximo será histórico para nuestra institución. Nos quedan cuatro partidos: dos finales muy difíciles de visitante ante Tigre y Atlético Tucumán; y dos partidos de local contra Sarmiento y Temperley, que si bien llegarán más condenados que nosotros, tienen dos condimentos que pueden hacer la gran diferencia: vienen a matar o morir en lo que pueden ser sus últimos minutos en esta división, y sabiendo lo que es jugar por la permanencia; algo de lo que Vélez adolece, a lo que no está acostumbrado y que, desde lo anímico, le juega muy en contra.

EL HINCHA OPINA