sábado 18 DE noviembre, 2017.LINIERS, ARGENTINA.

COLUMNA DE OPINIóN

Me van a tener que disculpar

miércoles 3 DE mayo, 2017
Por Pablo Rodriguez Denis
Desábato tuvo un partido para el olvido. (Foto @Velez)

Sorprendido quedé al abrir redes sociales, leer diarios y cruzarme con hinchas de Vélez esta agridulce mañana de miércoles. ¿Perdimos ayer? ¿Realmente perdimos? Pero si están todos contentos, conformes, si reina en el aire un ambiente de tranquilidad, de conformismo. ¿De verdad nos volvimos sin nada del Sur?

Lamento ser incapaz de sumarme a ese optimismo, pero el pitazo final del partido de ayer me dejó repleto de bronca, con una mezcla de impotencia y desasosiego, precisamente dos de las cosas que abundaron en el equipo de Omar De Felippe en la noche de Lanús.

Era un partido más que “perdible”, es claro. Si bien este Lanús no es el Lanús que brilló al consagrarse como el último campeón del fútbol argentino, la diferencia de jerarquía era evidente desde el vamos. Sin embargo, la sensación de que se podría haber hecho mucho más de lo que se hizo -sepan disculpar- no me la saca nadie.

Porque Vélez regaló un tiempo. O un tiempo y medio. O el tiempo que duró Leandro Desábato en cancha, básicamente. Con el 23 en el medio, el local manejó a gusto el primer tiempo y por momentos los de la V azulada sólo corrían de atrás a los de granate, sin ningún tipo de intención de pararse de igual a igual. Casi un baile.

El entrenador pareció darse cuenta de esto tarde. Muy tarde. Y así fue que entró Nicolás Domínguez en su lugar (¿por qué salió del equipo si no hace más que jugar bien?) y el equipo cambió. Allí sí se vio lo mejor del repertorio actual de Vélez, con circulación, juego asociado, mucho más control de pelota y arranques de un Juan Manuel Martínez al que anoche sólo le faltó algo de compañía para volver a vestirse de héroe.

Tampoco voy a negar que me ni por asomo me quedé con la misma sensación que al término del partido con Boca, donde el equipo literalmente se arrastró por la cancha. Ayer fue otra cosa. Y precisamente por eso el sabor es el que nos debería invadir a todos los fortineros.

Cierto es que si hubiera entrado de la Zabala en el primer tiempo la cosa hubiera cambiado. O si el Coco Correa hubiese estado fino en ese mano a mano del arranque del complemento. Pero no fue así. Y a la suerte hay que ayudarla, más si la mano viene cambiada.

Se vienen dos partidos de local y, la verdad, me decepcionaría mucho volver a ver el mismo timorato equipo que paseó por la cancha en el primer tiempo ante Lanús. ¿Tanto cuesta darse cuenta que el tándem del medio debe ser otro? Ajustando esa pieza los resultados están a la vista.

Hay que ganar o ganar. No especular. Ganar. Hacer más goles que el rival. Serán dos finales que podrán servir de punto de partida para terminar de confirmar la despegada.

Si tenemos material en los pibes, ¿por qué seguir forzando a los “experimentados” a quedar en ridículo? A mi entender, se podría haber hecho mucho más en la noche del Sur y no me conforma habernos salvado del papelón. Me van a tener que disculpar.

EL HINCHA OPINA