sábado 18 DE noviembre, 2017.LINIERS, ARGENTINA.

FúTBOL

Este es el camino

lunes 11 DE septiembre, 2017
Por Ramiro Garcia
Todo los abrazos para el goleador, Maximiliano Romero. (Foto @Velez)

Pasaron años desde la última vez que pasó algo parecido a este partido. Y sin referirse a los tres triunfos consecutivos, sino a la entrega y el nivel de juego de Vélez que no pasaron desapercibidos para el hincha. 

En esta segunda fecha de la Superliga, Vélez Sarsfield recibió en el José Amalfitani a Atlético de Tucumán, un equipo que viene de ganarle a Independiente por la Copa Sudamericana y a Godoy Cruz en la primera fecha del torneo nacional.  En la previa, no era un partido fácil, y así se demostró en los primeros minutos. Los dirigidos por Omar De Felippe entraron a la cancha un poco desconcertados. No fue sino hasta la llegada del primer gol de Maxi Romero (tras la jugada de Federico Andrada y el previo pase magistral de Matías Vargas), que Vélez comenzó a ser significativamente superior a su rival. 

Aguerre no deja de mostrar su seguridad en el arco, sigue con la vaya invicta en el torneo y su voz de mando se escucha desde la tribuna. La defensa del fortín fue lo más flojo del partido, un refuerzo para la saga central fue lo que más necesitaba el equipo, pero aun así la formula Grillo (otro que no para de gritarles a todos) – Gianetti cada vez está más asentada, demostrando un nivel que se supera partido a partido. Por los laterales, Cubero volvió a ser protagonista y Cufre promete mucho. La mitad de cancha, con la combinación Desábato – Cáseres, cada vez demuestra mayor nivel de juego, con entrega y a puro toque manejan la base del estilo futbolístico de Vélez. A esto se le suma el aporte de experiencia y buen pie de Gastón Díaz que ayuda tanto en ataque como en defensa y, a pesar de la edad, entrega todo por la camiseta. El esquema fortinero se completa con el V-A-R (Vargas, Andrada y Romero). Estos tres jóvenes y grandes jugadores están llenando de fútbol y magia al esquema de De Felippe, este tridente nos permite soñar en dejar de mirar la tabla de abajo y volver a apuntar a la cima, donde Vélez merece estar.

La tribuna enloquecida no paró de alentar al equipo y el cántico “Vamos, vamos los pibes” hacía  eco en el estadio, acompañado por ovaciones nunca antes escuchadas, como el grito hacia Romero y Vargas y una lluvia de aplausos que dejan las palmas ardiendo, tras la salida del campo de juego del recién llegado Andrada.
Pero hubo una ovación que se destacó sobre el resto. La gente volvió a delirar el grito de “Cubero, Cubero” como se hacía en épocas doradas de nuestra historia.

La hinchada de Vélez se fue agradecida con la entrega e ilusionada con el buen nivel del fortín. Pareciera que la pesadilla del descenso está llegando a su fin, pero aún queda mucho por recorrer, y cada partido es una final.

A no bajar los brazos que este es el camino, que nuestra historia es grande y, como la pelota, no se mancha.

EL HINCHA OPINA