domingo 19 DE noviembre, 2017.LINIERS, ARGENTINA.

COLUMNA DE OPINIóN

Duele, preocupa y angustia

lunes 30 DE octubre, 2017
Por Mariana Rodriguez Vimo

Una pesadilla, un cachetazo, un grito desesperado de ayuda. Eso sentimos. Vélez no logra un equilibrio y menos consolidarse. Luego del muy buen primer tiempo del pasado martes es inentendible o inexplicable lo que vimos: uno de los peores partidos de este campeonato. El fortín cayó con un equipo que había perdido los últimos tres partidos de local y que tenía un técnico en la cuerda floja pero que pegó en los momentos justos, haciendo un gol a los cinco minutos del primer tiempo y el segundo, antes del primer minuto del complemento.

Si de por sí a este equipo le cuesta, menos tuvo reacción. Lo que se pudo ver en el bosque fue paupérrimo, sin compromiso, sin ganas, sin sangre. Con una defensa que no para a nadie, un mediocampo que estuvo muy lejos de ser el del pasado martes y con una delantera que no convierte y a la que no le llega la pelota. Tal vez Nicolás Domínguez intentando algo, aunque ni cerca de ser el que deslumbró en Santa Fe, estrellando un tiro en el travesaño. Lo de Leandro Desábato es indefendible e hizo extrañar mucho a Santiago Cáseres. Por su parte Nicolás Tripichio, pedido por muchos, ayer tuvo un partido para el olvido, perdido en la cancha, con la pelota que le rebotaba, y Gastón Díaz, el capitán, jugador traído como refuerzo, que está muy lejos de poder reforzar algo, ni desde el juego, ni desde la actitud, ni desde la personalidad. El denominador común de los jugadores fue su bajo nivel. Matías Vargas siempre buscando generar pero sin conseguir y debido a ello, contrariado; Federico Andrada sin hacer mucho como se pudo notar en los últimos encuentros, y Maximiliano Romero que continúa con su racha negativa sin convertir, y ayer sin siquiera situaciones de gol a pesar de moverse mucho para buscar el balón.

La defensa, que siempre se criticó por ser lo más flojo de este plantel y sin haber sido reforzada en el último mercado de pases, ayer tuvo uno de sus peores partidos, con una dupla central calamitosa que no paró a nadie. Emiliano Amor que ve pasar a todos los jugadores contrarios, y que parece haber sentido las críticas por los innumerables penales cometidos anteriormente, porque ahora no baja ni toca a nadie y con gran responsabilidad en el primer gol; y Fausto Grillo que pone actitud e intenta jugar e ir para adelante, pero de él se espera y se necesita otra cosa y en La Plata no aprobó. La actitud no se negocia, pero solo con actitud, no nos salvamos.

Párrafo aparte para Alan Aguerre que siente nuevamente la presión de tener un arquero que le pelea el puesto. Hasta ahora César Rigamonti estaba abocado a la copa pero con el fortín afuera de ella, los dos arqueros pelean por un puesto y Aguerre fue el gran responsable del segundo gol dando un rebote corto en un tiro que fue débil y no pudo contener. Segundo gol que fue antes del primer minuto de comenzado el segundo tiempo. Si teníamos la esperanza de revertir el 0-1, esa situación nos bajó rápidamente el ánimo; porque además de la responsabilidad del arquero se pudo ver que tanto mediocampistas como defensores, en la jugada previa, no pudieron cortarla. Entraron dormidos, cansados, desconcentrados. Ese segundo gol tempranero y contundente; hizo que el partido se vuelva irremontable.

Ahora bien, todo lo argumentado anteriormente no le quita responsabilidad al director técnico. Omar De Felippe en el último libro de pases, pidió un arquero al ver las debilidades que presentaba Vélez en dicho puesto, se lo trajo a César Rigamonti y no lo pone. Decide respetarle la titularidad a Aguerre con un nivel en el último tiempo que no era tan bajo, y está claro que el partido no lo pierde solamente el arquero, pero Aguerre fue el responsable justamente del segundo gol, determinante que imposibilitó que se revierta el resultado. Asimismo, el técnico también es altamente responsable por los cambios que hace. A pesar del plantel corto que tiene, nunca se le cae una idea. Y sinceramente, en el postpartido y luego de su responsabilidad en el partido del martes por la copa, no era descabellado pensar que daría un paso al costado. No caigamos en los lugares comunes diciendo que tiene un equipo corto, que los jugadores estaban cansados porque jugaron el martes o que sintieron el bajón anímico de haber quedado eliminados de la copa. Lo importante siempre fue sumar puntos en el campeonato local. Todos sabían lo que había y con lo que contaban, y decidieron seguir y trabajar. Hoy Vélez no puede regalar nada y parece que aún, hay muchos que no lo entienden.

Vélez necesita ayuda, necesita salir, y primero eso tiene que venir de adentro, del cuerpo técnico y de los jugadores, que paradójicamente parecen estar haciendo todo lo contrario. Parecen enterrarse cada vez más. Ayer, eran once personas corriendo, jugando un partido amateur, entrenando, gritándose, peleándose; como en varias oportunidades Grillo y Jerez. En lugar de ser un plantel amalgamado y tirando todos para el mismo lado, con un mismo objetivo. Eran once jugadores que ayer parecían no estar en comunión con el técnico y que no mostraron ni sangre, ni huevos ni corazón.

Ahora se viene una dura parada en el José Amalfitani contra un equipo que viene prendido arriba en la tabla: Unión de Santa Fe. Será un partido difícil y el único resultado que sirve es ganar. La gente, seguro, estará apoyando y alentando, ustedes, los que salten a la cancha, por lo menos muestren un poco de dignidad y amor propio para demostrarnos que luchan para salir de este agobiante situación.

EL HINCHA OPINA