sábado 18 DE noviembre, 2017.LINIERS, ARGENTINA.

COLUMNA DE OPINIóN

Cuando el miedo te paraliza

jueves 30 DE marzo, 2017
Por Pablo Rodriguez Denis
Cubero pelea por la pelota. (Foto @Velez)

Faltaban cinco minutos y el ambiente no era precisamente de júbilo. En el Amalfitani se respiraba aires de tensión, de incertidumbre. Como si los miles de fortineros que una vez más colmaron las tribunas supieran lo que estaba por venir. Como si ese 1 a 0 no bastara para exhalar y prepararse para, por fin, poder tener una semana tranquila.

Es que, después de un primer tiempo más que aceptable, con las falencias de siempre pero con pasajes de buen juego, asociaciones interesantes y algunas mejoras en la defensa (el gran talón de Aquiles), Vélez salió al complemento increíblemente pasivo y le entregó a un pobre rival la responsabilidad de llevar las riendas del juego.

Fue así que con poco, poquísimo, Huracán llenó de centros y pelotazos el área de un cada vez más disminuido Fabián Assmann, al que cada vez parece pesarle más la responsabilidad de defender los tres palos fortineros (¿ERA NECESARIO SALIR ASÍ EN EL PENAL CUANDO EN LOS CENTROS NO SALE NI A PISPEAR?).

Por eso, en las mentes de todos los velezanos comenzaron a doler las situaciones desperdiciadas, ese palo de Pavone en el primer tiempo y los centímetros por los que se fue el envío del Burrito en el segundo. Porque todos, vaya uno a saber por qué, ya sabíamos lo que estaba por venir.

Y así que llegó esa jugada de Angulo, la innecesaria salida de Assmann, un inexperto árbitro que sancionó un penal demasiado dudoso (pero muy cobrable) y ese empate que podría haber llegado mucho antes. No contentos con eso, los jugadores de Vélez hicieron todo para que, encima, nos terminemos yendo a casa agradecidos por no haber perdido, porque los últimos minutos siguieron siendo todos de la visita.

Sin excusas por el cansancio, habrá que buscar en el banco las respuestas ante tanta pasividad en el segundo tiempo de un partido que parecía controlado. Y ahí está el principal responsable de un nuevo traspié: el entrenador.

Porque Omar De Felippe, ese DT que vino “para sacar puntos”, se conformó demasiado con el 1 a 0 y básicamente sólo dejó el reloj correr. Para colmo, cuando se decidió (tardísimo) a hacer cambios, los hizo mal. Porque salió Canteros, sí, pero en su lugar ingresó Delgadillo a hacer la banda por la derecha, corriendo a un Zabala que venía siendo figura en ese sector hacia el medio, lugar que claramente no es su fuerte.

Porque Maxi Romero, ese delantero al que el entrenador borró casi desde su llegada, entró a jugar un puñado de minutos, como si un pibe de 18 años pudiera salvarte las papas frente a tanta apatía.

Difícil. Así fue, es y, sobre todo, será muy difícil salir a flote. Si al bajo nivel de gran parte del plantel le sumás una pérdida de identidad desde el banco, todo será más cuesta arriba aún.

Increíblemente, todavía estamos a tiempo de cambiar, porque los rivales de turno siguen perdiendo puntos. Pero si en lugar de pegar el timonazo seguimos navegando en la intrascendencia, sólo quedará ponerse el chaleco salvavidas y saltar al abismo antes que nos tape el agua.

EL HINCHA OPINA