Si los hinchas de Vélez decimos que este va a ser un Día del Padre como cualquier otro, estaríamos mintiendo. Porque más allá de lo deportivo, más allá de lo institucional, más allá de cualquier sentimiento, este domingo será diferente. Este domingo, no estará Emmanuel.
Porque a “algo” (no llegará nunca a ser “alguien”) se le ocurrió disparar un arma contra uno de los micros de Vélez, en ese fin de semana donde nos dirigíamos a Boedo, con la ilusión (la misma que tenía Emmanuel) de vivir un verdadero clásico y poder conseguir tres puntos más para esa maldita tabla.
Porque a “algo” se le ocurrió que todos los 15 de cada mes, los hinchas de Vélez nos teníamos que juntar en la puerta del club para pedir JUSTICIA, por ese disparo tan impune y criminal.
Porque a “algo” se le ocurrió que los hinchas tenían que hacer suspender ese partido, luego de enterarse de la peor noticia. Me acuerdo que la gente estaba alentando y de golpe me tocó escuchar por el auricular de la radio lo que nadie hubiera querido escuchar. Hubo cinco segundos de calma (la que antecede al huracán, suelen decir) y luego comenzó lo que todos vimos. En esos cinco segundos, la gente intentó buscarle una explicación a lo que había pasado. La respuesta llegó rápido. La solución todavía no llega.
Porque a “algo” se le ocurrió, que el fútbol tenía que dejar de ser un entretenimiento, para volver a convertirse en tragedia. Todavía recuerdo (y agradezco a los hinchas visitantes) ese minuto de silencio eterno en el partido con River. Ese minuto de silencio que dijo más de lo que se esperaba. Donde por primera vez en la historia, dos tribunas se llamaron a silencio. Por primera vez en la historia, todo un estadio pedía JUSTICIA.
No alcanzarían los insultos, para maldecir a este “algo”. No alcanzarán las palabras, para describir el daño que se hizo. Quizás solo hay una que se pueda pronunciar, pero incluso no va a llenar este hueco vacio del Día del Padre. JUSTICIA. Pasaron ya tres meses, pero esa tarde en Boedo será eterna. |